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AMLO no trabaja?

Ricardo Amezcua Ornelas (AMLO)

Autor de la imagen de este artículo: Ricardo Amezcua Ornelas
Tengo más de 15 años siguiendo a Andrés Manuel López Obrador, mejor conocido como el «Peje» o AMLO.

 

Orígenes

Desde que fue Jefe de Gobierno, me pude dar cuenta que actuaba muy diferente a los demás.

En especial por su forma sincera de tratar a las personas y esa hambre tan característica.

NO es la típica hambre de solo «llegar» al poder, sino utilizarlo para generar un cambio.

El cambio es algo muy necesario en la actualidad en nuestro país.

 

Detractores

Sin embargo, así como tiene muchos fieles seguidores, también tiene sus detractores.

Estos solo alegan: «me cae mal«, sin saber porqué, y buscan constantemente una razón que justifique tal opinión.

Su frustración crece, al no encontrar razones sensatas que no salgan de «no sé porqué… me cae mal, me da mala espina«.

Algunos otros no pueden borrar de su mente que es un «peligro«, que «va a transformar a México en Venezuela» y que le dijo a Fox «Chachalaca«, así como el infinito uso del término «La Mafia del poder» en cada discurso.

 

¿De qué vive Andrés Manuel López Obrador?

Efectivamente, vive para y de la política.

Así también miles y miles lo hacen, muchos de los cuales la mitad del tiempo no hacen nada y la otra mitad la reparten en robar, hacer estupideces y dormirse en el Congreso o la Cámara de diputados.

Cuando me acuerdo de esos casos, no puedo evitar que me provoque bastante risa los comentarios negativos hacia AMLO de que vive del erario.

Andres Manuel no busca amontonar riquezas y propiedades o darle lujos superfluos a su familia, sino que VIVE por un objetivo que siempre ha tenido claro: la igualdad de oportunidades para todos y el bienestar de la nación.

Es una lucha que ha costado años, pero ese tiempo le ha generado cada vez más un acercamiento al pueblo como jamás NADIE lo podrá obtener.

 

Algo muy profundo para reflexionar

Recientemente leí un libro de Jorge Bucay.

Me llamó muchísimo la atención en una parte donde narra una anécdota bastante peculiar.

En ella nos da como experiencia algo que viene al caso de todo el trabajo que ha realizado nuestro «viejo» Andrés Manuel:

Conocer a la gente, su problemática y a partir de ahí, tomar el verdadero rumbo del país.

 

Durante la semana el niño había perseguido literalmente al padre por toda la casa con su tablero de parchís debajo del brazo.

Quería que el hombre se sentara con él a cumplir su promesa de jugar una partida para estrenar el nuevo tablero que le habían regalado para su cumpleaños.

Ahora no puedo, Huguito —le había dicho el padre más de una vez—, tendremos que esperar al fin de semana

Por eso el sábado, apenas se levantó, Hugo vio a su padre sentado en el escritorio, y corrió a su cuarto a buscar el tablero todavía sin estrenar.

Hoy es fin de semana, ¿no, papi? —preguntó el pequeño.

Sí, hijito —reconoció el padre—, pero ahora tengo que terminar un trabajo atrasado.

Pídele a tu madre que juegue contigo…

No, no —protestó la pulga de seis añitos—. Tú me prometiste…

Es verdad. Pero en este momento tengo otras cosas más urgentes que atender…

¿Y cuándo vas a terminar de atender esas cosas?

Dentro de dos horas —dijo el padre exagerando, con la intención de desanimarlo.

¡Buf!… —dijo el niño, y dándose la vuelta salió de la habitación.

 

La aguja grande había alcanzado a la pequeña justo cuando ésta llegaba al número 12, y eso, según le dijo su madre, significaba que habían pasado exactamente dos horas.

 

¿Jugamos ahora, papi?

No, hijo. Lo siento. Todavía no he terminado con mis cosas…

Pero tú me dijiste dentro de dos horas… Eso es mentir.

No seas así, Huguito, tengo trabajo pendiente.

 

El niño ya empezaba a dejar escapar un par de lágrimas, cuando su padre tuvo una idea.

Cogió de su escritorio una revista que mostraba en la tapa un colorido mapa del mundo con división política.

Mira, hijito, te voy a proponer un juego —le dijo, mientras arrancaba la hoja y buscaba en el cajón de su escritorio un par de tijeras.

El hombre hizo varios cortes, transformando la hoja en un montón de papeles de forma irregular.

Esto es un rompecabezas… Un puzle, como lo llamas tú.

El juego consiste en montar el mapa del mundo poniendo cada país en su sitio —dijo el padre—.

Cuando termines de montar el mundo, jugaremos al parchís.

El padre sabía que, sin tener idea de cómo era el planisferio, el niño tardaría más de una hora en montarlo y que eso los llevaría hasta el almuerzo.

Después de su siesta, quizá podría finalmente sentarse a jugar con su hijo, como le había prometido.

Otra vez resoplando, pero intuyendo que si no aceptaba esas condiciones no habría parchís, el jovencito cogió los papeles que su padre le daba y se fue a su cuarto.

Pasaron cinco minutos, quizá seis, cuando Huguito entró en la habitación con el mapa del mundo perfectamente montado.

Cada país en su sitio y toda la hoja pegada con cinta adhesiva.

 

Ya está, papi. ¿Ahora vamos a jugar al parchís?

El padre sonrió, confuso.

Pero ¿cómo lo has hecho? —preguntó examinando el perfecto resultado—.

Si tú nunca has visto un mapa del mundo, ¿cómo lo has montado tan rápido?

No, papi… Yo nunca había visto un mapa del mundo como éste… Cuando lo recortaste yo vi que en el otro lado de la hoja había una foto de un hombre.

Entonces, al llegar a mi cuarto, di la vuelta a los papelitos y coloqué las partes del señor, una al lado de la otra.

Fue fácil. Cuando terminé de acomodar al hombre, el mundo se acomodó solo.

Si te ha gustado la anterior historia, puedes encontrar más en este libro

Jorge Bucay
Cómpralo aquí, vale la pena!

Es ahí donde me dí cuenta de la fuerza que tiene el conocer al hombre (uno mismo, la humanidad).

No con una propuesta absurda como «la atención a las necesidades de cada quien» como propone Meade, o «Darle dinero a cada mexicano por el simple hecho de serlo«, como propone el «moderno» Anaya.

AMLO no se la ha pasado viajando a crear huelgas o hacer promesas triviales. Se ha sentado a platicar con miles de personas en diferentes situaciones, los ha escuchado y eso es la base de su proyecto de nación.

Ha sido Jefe de Gobierno, y lejos de convertir a la ciudad de México en un clon de Caracas, ha sentado las bases para un desarrollo, por eso es de vital importancia que en estas elecciones no haya votos nulos, así que decide bien, si en verdad te interesa el futuro del país.

 

La verdad

En realidad tú no quieres saber cuánto gana Andrés Manuel López Obrador, sólo quieres justificar que por «alguna» razón, no te simpatiza o apoyas a quienes últimamente han despedazado el país.

Cualquiera que sea el caso no serás parte en la Historia de México como uno de los luchadores por nuestra patria.

Cuando tus nietos te pregunten al respecto, no los podrás ver a los ojos y decirles: «Yo fui un luchador que apoyó a Andrés Manuel López Obrador«.

Entonces dirás «Fui un cobarde que pensó que seguir igual era lo mejor por MIEDO a hundirnos todavía más».

Quiero agradecer a Ricardo Amezcua Ornelas, autor de la imagen de esta publicación, por las facilidades que se brindó en prestarme, así como la invitación a que veas sus obras: http://www.ricardo-amezcua.mx/.

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